Pies en el aire

Pies en el aire

domingo, 27 de mayo de 2012

Una curiosa reflexión


"¿Es feliz el agua? ¿Es feliz el mar? Sencillamente es y estamos aquí. Pero vivir duele, duele también, los árboles sufren como nosotros al crecer. Debe de doler ser un árbol. Como cuando a un niño le duelen los dientes. Duele. Y es un dolor muchas veces improductivo. Y no quiere decir que sea un dolor malo, puede ser un dolor feliz"

(Antony Hegarty)

domingo, 18 de marzo de 2012

sábado, 10 de diciembre de 2011

CORRIENDO APRENDÍ


Corriendo aprendí que la tensión en mis músculos distendía la confusión que vivía en mi cerebro.
Corriendo aprendí que el sufrimiento que descosía por fuera mi cuerpo entero, remendaba por dentro mis entretelas.
Corriendo aprendí que el gesto huraño que adornaba a veces mi cara, relajaba el mal humor que albergaba en mi interior.
Corriendo aprendí que no llegar la primera me brindaba la ocasión para volver a intentarlo.
Corriendo aprendí que seguir cuando todo estaba en contra era un refuerzo de mi autoestima.
Corriendo aprendí que cuando la fatiga física me plantaba cara yo ganaba la partida a las agonías de mi mente.
Corriendo aprendí que cuando mis piernas se dañaban nacía una firme voluntad que las reparaba.
Corriendo aprendí que los dolores que me acompañaban no eran sino anestesia para mis sinsabores.
Corriendo aprendí que los pesares por no alcanzar un reto avivaban los rescoldos para futuros proyectos.
Corriendo aprendí que los pasitos cortos también me llevaban a lejanos paraísos.
Corriendo aprendí a dominar largamente los ritmos lentos, y estos me conquistaron y cuando estuve preparada para cadencias más rápidas, éstas me subyugaron y aprendí a disfrutar de la prisa por no llegar a ningún lado.
Corriendo aprendí a apetecer el descanso pero enseguida volvía pues anhelaba el cansancio.
Corriendo aprendí a desear que el esfuerzo humedeciera mi frente, sin necesitad de que el sol saliera o que las nubes lloraran.
Corriendo aprendí que cada gota de sudor regaba de ideas mi imaginación, que mi respiración agitada expulsaba mi sinvivir, que el frecuente jadear alejaba inútiles pensamientos.
Corriendo aprendí que pese a quedar sin aliento no se escapaba mi vida sino que, bien al contrario, cobraba mayor valor.
Corriendo aprendí a rodearme de números, a arañar unos segundos, a aquilatar los minutos, a progresar en el tiempo.
Corriendo aprendí a vivir midiendo distancias, a apurar incertidumbres, a capear temporales para llegar a mí misma.
Corriendo aprendí a patear los caminos, a doctorarme en sus sendas, a averiguar sus secretos, a desechar los atajos, a repostar en las fuentes, a reposar en los claros.
Corriendo aprendí a encontrar en cada árbol la oportunidad de una sombra y evitar en cada raíz la posibilidad de un tropiezo.
Corriendo aprendí que el duermevela constante que algunas noches padecía era tan sólo antesala para nuevos desafíos.
Corriendo aprendí que el recuerdo vespertino de los rigores sufridos allanaban el trayecto a esperanzas venideras.
Corriendo aprendí que cada pisada que daba descorría el tupido velo que me impedía vencer el estúpido desasosiego.
Corriendo aprendí que mi instinto resolvía los dislates que la razón no sabía o las cuitas que mi alma desconocía.
Corriendo aprendí que el corazón que en mí latía desalojaba en sus sístoles todos los malos farios para acoger en sus diástoles todas las buenas nuevas.
Y así, corriendo y corriendo, aprendí a vivir al día, a abrir los ojos al mundo, a conocer alegrías.

Aurora Pérez (Publicado en Runner's World -Noviembre-2011)

domingo, 13 de diciembre de 2009

PODRÍA...PERO PREFIERO...


¡LOCA POR CORRER!   


Podría contarte que mis piernas con los años han acumulado muchos kilómetros, pero prefiero decirte que en ese tiempo mi cabeza ha adquirido mucha más sabiduría.
Podrías creer que con el paso de los lustros mi cuerpo se ha hecho inerte al sufrimiento, pero prefiero pensar que mi vida se ha hecho adicta al valor del esfuerzo.
Podría decirte que he machacado el suelo mil veces con mis pies, que miles de impactos han horadado los mismos caminos, pistas y carreteras una y otra vez, pero te diré que mientras pisaba la tierra firme mi mente caminaba por distintos cielos.
Podría hablarte de mis marcas, pero prefiero referirte las vivencias que acompañaron a los números.
Podría narrarte mis éxitos, pero no busco los halagos, o mis fracasos pero no quiero compasión.
Me dirás que he errado en mis metas muchas veces, pero no sabes cómo disfruté el camino hacia la decepción.
Te acordarás de la tristeza que acompañó a mis derrotas, pero mayor fue la felicidad que acompañó a mis triunfos.
Me recordarás cómo lloré de impotencia cuando el cuerpo se reveló con mil lesiones, pero yo me acordaré con alegría de mi constancia al superarlas.
Tratarás de convencerme del tedio diario del entrenamiento, de la rutina, y te diré que nunca dos días son iguales cuando corro, cada día es único.
No entenderás el sentido de dar vueltas para volver al mismo lugar, pero el sentido no está en el inicio, ni está en el final, sino en las inquietudes sentidas a lo largo del camino.
Dirás que corro porque no sé lo que quiero y persigo algo que nunca encontraré, te diré que correr me ha hecho saber lo que no quiero.
Insinuarás el sinsentido de correr para no ganar, pero nunca tuve la sensación de ganar, ni de perder, solamente de crecer.
Pensarás por qué sigo a sabiendas de que mis mejores registros nunca mejorarán, pero sigo porque no encontré aún el techo de mis emociones.
Creerás que he perdido el tiempo, que podría haber dado más de una vez la vuelta al mundo, pero te contestaré que en ese tiempo he sido capaz de crear miles de mundos diferentes dentro de mí.
Me acusarás de correr despacio y me reiré, o de correr deprisa y sonreiré.
Me rebatirás mis muchos años, te replicaré mis muchas ilusiones.
Pensarás que estoy loca por seguir y te diré que siempre tuve la cordura de no parar.
Al final me dirás que he vivido sólo para correr, pero en mi fuero interno sé que he corrido sólo para vivir.

 Aurora Pérez (Publicado en Runner's World -Noviembre-2007)

viernes, 2 de octubre de 2009